Mundo NOVA
Opinión

A 40 años del acuerdo de paz entre Egipto e Israel

En la Casa Blanca, el 26 de marzo de 1979, el presidente egipcio, Anwar al-Sadat, y el primer ministro israelí, Menachem Begin, firmaban un acuerdo de paz histórico.

Por Israel Rabinowicz, corresponsal de NOVA en Israel

El 19 de noviembre de 1977, el presidente de Egipto, Anwar Sadat, se convertía en el primer líder árabe en pisar el Estado de Israel y pronunciar un discurso ante la Knesset, su Parlamento. De los participantes de la paz israel- egipcia, concretada un año después, de ésa parte de la historia de Medio Oriente sólo queda vivo, cosechando maníes, el ex presidente Jimmy Carter. De todos ellos me queda el privilegio de haber conocido personalmente a Beguin y Sadat.

El único israelí, y quizás uno de los pocos hombres del mundo que logró entretejer lazos de amistad con Sadat fue, paradójicamente, Ezer Weizman, general de aviación que en su momento llegó a jefe de la Fuerza Aérea; luego ya en la política, entre otros importantes cargos a ministro de Defensa y presidente de Israel, debió retirarse bajo sospechas de las palabras por hoy muy utilizadas, corrupción y acoso sexual.

Aún antes de esa amistad, él mismo así lo explicó, la impresión que se llevó del " rais " egipcio en su primer encuentro : " Sadat entro a la Knesset, mi primera impresión fue sumamente prosaica, se veía exactamente como en la televisión. Solo el color de su piel era un poco más oscuro de lo que yo pensaba. No logré quitarle los ojos de encima y de repente vi un sueño haciéndose realidad”.

No tenía falsas ilusiones a su respecto. Sadat nunca estuvo entre los amantes de Sión; sin embargo, no me quedaba ninguna duda, tras el podio de la Knesset se erguía un hombre con una personalidad fuera de lo común, valiente y con visión política. Sólo alguien con él podría haber recorrido tan imaginario arriesgando su vida.

Tensión y desconfianza era lo que inundaba los aires y el ambiente. Pese a que los servicios de información israelíes habían confirmado la partida del avión desde El Cairo que en su interior transportaba al presidente Sadat, en el aeropuerto de llegada en Tel Aviv no se dejó nada al azar. Se apostaron centenares de francotiradores preparados ante la hipotética situación de que al abrirse las puertas del avión, en lugar de Sadat aparecieran terroristas dispuestos a asesinar a la plana mayor del gobierno de Israel que al pie de su escalerilla esperaban para brindarle la más cálida y sincera bienvenida.

Su paso de gigante sembró la escisión dentro del mundo árabe. La muerte, su asesinato le llegó durante el octavo aniversario de la guerra de octubre, exactamente a la hora en que sus ejércitos comenzaron a cruzar el Canal de Suez.

El hombre que había logrado derrumbar las murallas psicológicas y del odio entre Israel y Egipto, que precipitó el histórico proceso de paz entre dos naciones que se habían enfrentado ya cinco veces, pagó con su vida el precio de esta paz.

En octubre de 1970, poco tiempo después del repentino fallecimiento de Gamal Abdel Nasser es elegido el casi desconocido vicepresidente Sadat para ocupar la presidencia. Tenía 51 años y 18 antes había participado en la "revolución de los oficiales libres " que derrocó al rey Faruk.

En el segundo año de su gobierno expulsó a los innumerables asesores soviéticos invitados a Egipto por su antecesor e inició un acercamiento hacia Occidente, principalmente Estados Unidos y Francia. Hay quienes dicen que ya, con ese paso, había iniciado el camino de la reconquista del Sinai en octubre de 1973 y su apertura hacia la paz. Incluso Egipto es el único país que festeja con un desfile militar la guerra de Octubre.

Para el pueblo egipcio, fue ésa guerra la causa por el cual Israel se vio obligado a aceptar los términos de la paz cuatro años más tarde. Para el pueblo egipcio, fue Sadat quien le devolvió el honor perdido y fue justamente ello lo que hizo posible la discusión entre iguales en las jornadas de Camp David. Para Israel, fue una guerra que aún no cicatrizó: los reproches y acusaciones cruzados, pese a la edad de los protagonistas, son permanentes, demasiados protocolos de ésa guerra permanecen secretos sin ver la luz pública.

La paz con Egipto abrió el camino a la otra con Jordania, sin la primera era imposible la segunda. Rabin pudo concretarla porque en ella no había territorios en juego, todo quedaba como estaba pero con una paz acordada de por medio, está comprobado que en Israel solamente la derecha puede hacer concesiones territoriales, Beguin con Sadat, posteriormente Sharon realizó su aporte. 

Sirva esta nota como homenaje a un hombre al que Medio Oriente mucho le debe, queda la impresión de que el actual nuevo mandatario egipcio Abdelfatah Al Sisi intenta retomar al liderazgo fuerte y decidido de Egipto dentro del mundo árabe; el mismo es fundamental para la estabilidad de la zona, pero solo no puede.

Ahora, 40 años después, parece ser que comienza a generarse, a escribirse, otro ciclo político en Oriente Medio; éste ya es zonal, supera al problema palestino israelí, en el medio un conflicto bélico no es descartable, para algunos incluso deseable, los focos incendiarios son varios.

Desde que en enero de 2015 se plasmó en Arabia Saudita el ascenso del príncipe heredero Mohamed Bin Salmán, el hijo predilecto del rey Salmán, el llamado “Reino del desierto” no ha cesado de contaminar el juego en Medio Oriente con la meta de frenar la preponderancia iraní en Irak, en Siria, en Yemen, en Bahréin o en el Líbano. Sangre nueva, neuronas frescas que le advierten que la mejor defensa del régimen es un muy buen ataque preventivo contra aquellos potenciales enemigos, por ello éste paso al frente como principal actor no tiene otra finalidad que preservar sus propios dominios.

Y de repente, en su peor momento político personal dentro de Israel, con su estabilidad y permanencia con demasiados signos de interrogación y dudas, en su visión de mundo,  Benjamín Netanyahu se ve reforzado internacional. Hace años que viene martillando que la solución es zonal, Irán el foco de todos los males, pareciera que no solo el presidente Donald Trump, ahora también Arabia Saudita actúa como si fuera su vocero. Existen demasiadas armas en manos de los diferentes actores e intereses que son muchos los que aseguran que las palabras nada solucionarán. Deberán hablar de manera más categórica.

Como en el juego de naipes, recoger para luego repartir nuevamente. Comenzar todo de nuevo.

Lectores: 437