Sexo y erotismo
Relato

Placer sin palabras

"Necesitaba irme con él a algún lado, hasta que por fin me dijo: 'Vamos a mi auto'. Sin pensarlo dos veces salimos del boliche y fuimos hasta su coche".

Por Giselle Pons Santander, especial para NOVA

Caen las 4 AM, nos encontramos en el boliche donde quedamos, él estaba con sus amigos y yo fui sola. Sí, lo sé, un poco colgada pero no me importaba. Esa tenía que ser mi noche, el me fascinaba y de mirarlo mi cuerpo hervía aunque no podía encararlo y decirle que le quería partir la boca de un beso.

Raras veces me pasaba pero me empecé a sentir incomoda, no sabía si estaba molestando, no sabía si yo le gustaba, no sabía qué hacía ahí sola. Les dije que quería ir a comprar algo, ellos me siguieron. Pero cuando me di vuelta vi que no estaban y pensé: “Lo sabía, estaba molestando. Me tomo el trago y me voy”. Entonces, él me tocó la espalda y me dijo: “Se perdieron mis amigos, voy a buscarlos”.

Inmediatamente pensé que no era mi noche, me sentía una estúpida por haber ido. Recorrí la pista y los encontré. Cuando me acerqué, escuché: “Ahí viene”. Entonces, decidí irme. No iba a esperar a terminar mi trago.

Simplemente me acerqué y les dije: “Chicos, yo me voy. No quiero molestarlos si ustedes vinieron para salir juntos”. Me respondieron que no me fuera que no les molestaba. Acepté quedarme. Minutos después sus amigos se fueron y por fin me dejaron sola con él.

Todo comenzaba a fluir. Hablábamos sobre nuestros proyectos y ocupaciones. De repente, veo que había un sillón vacío. “Vamos a sentarnos”, le dije.

Las inseguridades se apoderaron de mi mente. Todas las chicas que pasaban estaban muy bien vestidas con shorcitos y tops. Era normal estar insegura ya que todavía no me había dicho ningún halago y estaba muy casual. Yo tenía puesta una calza negra, una blusa azul escotada y unas botas. “Todas están muy diosas y yo me vine muy tranquila”, le dije. A lo que me respondió: “Estás linda” y se acercó a besarme.

Al fin sentí sus labios sobre los míos, ese beso movió todo mi cuerpo, cada segundo que pasaba lo disfrutaba más. Deseaba que no parara más. Estaba saliendo mi lado más salvaje, empecé a pasar mis uñas por su cuello, él precavidamente metió sin que nadie vea una de sus manos por mi escote. Mi cuerpo ardía en llamas. Si no fuese porque había gente le sacaba toda su ropa. Me volvía loca.

Necesitaba irme con él a algún lado, hasta que por fin me dijo: “Vamos a mi auto”. Sin pensarlo dos veces salimos del boliche y fuimos hasta su coche que estaba a cinco cuadras en un lugar bastante oscuro.

Cuando subí y me senté en el asiento trasero junto a él, pensé: “La última vez que tuve relaciones en un auto fue con mi ex, o sea hace tres años”. Siempre me había rehusado a tener sexo de esa manera pero él tenía un “no sé qué” que me encantaba.

Nos miramos a los ojos y otra vez comenzamos a besarnos. Para lo único que me detuve fue para poner música para ambientar el momento. Entrelazados acariciándonos, empezó a quitar mi ropa. Me desprendió mi corpiño por debajo de mi blusa, mientras me besaba mi cuello. Me dejó desnuda con mis pechos descubiertos.

Yo moría por verlo desnudo. Le desprendí lentamente cada uno de los botones de su camisa y luego le saqué su pantalón. Deseaba verle su pene desde los primeros segundos del primer beso. Se lo acaricié y lo miraba con deseo.

Me sacó mi pantalón y mi tanga. No podía esperar más para tener su pene en mi boca. Bajé y lamí con mucha pasión. Mientras lo miraba a los ojos, le absorbía la cabeza de su pene y pasaba mi lengua haciendo círculos.

El auto estaba todo empañado con nuestra respiración. El se tiró sobre mí y me besó los pezones suavemente, su lengua me hacía palpitar cada vez más rápido mi corazón. Empezó a tocar con su mano tan suave como una pluma mi vagina. Mi respiración se aceleraba y la de él también.

Se colocó el preservativo y yo me subí arriba de él. Nos movíamos al ritmo de la música, sentí un placer interno indescriptible. Mis manos sujetaban su nuca mientras yo besaba sus labios. El final se aproximaba, estaba a punto de llegar el último minuto de la noche. Sentí cómo su corazón se aceleraba y cómo su pene tenía contracciones dentro de mí. Mi excitación en menos de segundos me llevó al éxtasis más placentero.

Todo comenzaba a su temperatura normal, yo no quería que terminara, quería quedarme muchas horas más con él. Abrazados y acurrucados en el asiento reprochó que nunca le dije nada lindo. Le dije que me gustaba y que me parecía hermoso.

Pero, la realidad era que mi coraza no me permitía decir lo que me pasaba. Él había roto con mis expectativas, las había sobrepasado, eso me daba mucho miedo. No solo me gustaba en el terreno sexual, el me gustaba y me daba terror. Pero lo que más temor me daba era que después de esa noche se olvidara de mí.

Me acercó a mi casa y nos besamos nuevamente, él tenía que volver a buscar a sus amigos al boliche. Moría por quedarme un rato más. Salí del auto y en mi cabeza quedaron muchas preguntas sin responder pero la primordial era: “¿Sintió lo que yo sentí?”.

¿Qué sentí? Vení a mi casa y te cuento.

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