Números rojos: pese al relato oficial, los hogares pierden poder adquisitivo y la inflación pulveriza los sueldos
El último informe de la Instituto Nacional de Estadística dejó al descubierto una realidad menos optimista que la narrativa oficial: aunque los ingresos de los hogares uruguayos muestran mejoras interanuales nominales, en el corto plazo retroceden y mantienen desigualdades profundas entre regiones y estratos sociales.
El ingreso medio de los hogares cerró el cuarto trimestre de 2025 en 93.495 pesos, con una caída de 984 pesos respecto al trimestre anterior. El dato expone un deterioro reciente que el Ejecutivo evita enfatizar. Si bien la comparación anual arroja una suba del 8,2 por ciento, el alivio estadístico se diluye cuando se observa la evolución inmediata, más sensible a la realidad cotidiana de las familias.
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— La Derecha Diario Uruguay (@DerechaDiarioUY) February 16, 2026
Brecha territorial persistente
La desigualdad geográfica continúa siendo uno de los puntos más incómodos para la gestión. En Montevideo, el ingreso promedio de los hogares alcanzó los 110.164 pesos, mientras que en el Interior fue de 82.335. En términos simples: un hogar capitalino percibe casi 34% más que uno fuera de la capital.
Aunque el Interior registró un leve repunte trimestral y Montevideo cayó, la diferencia estructural sigue intacta. El Gobierno ha insistido en un discurso de desarrollo federal, pero los números muestran que la brecha territorial continúa siendo un rasgo estable del sistema económico.
La mediana revela la otra mitad
El promedio suele ocultar desigualdades, y la mediana lo deja en evidencia. La mitad de los hogares vive con 72.600 pesos o menos, casi 21 mil pesos por debajo del ingreso medio. La distancia entre ambos indicadores sugiere concentración del ingreso en sectores altos, algo que contradice el relato oficial de crecimiento “parejo”.
Ingresos reales: mejora leve y retroceso reciente
A precios constantes, el ingreso medio real creció 3,9% interanual. Sin embargo, también cayó frente al trimestre previo. Esto indica que la desaceleración inflacionaria no alcanzó para compensar la pérdida nominal reciente. El ingreso per cápita real repite el patrón: mejora anual moderada, pero descenso en el corto plazo.
Para analistas críticos, esta combinación refleja un fenómeno típico de economías con crecimiento débil: avances estadísticos que conviven con una percepción social de estancamiento.
Cambios metodológicos que generan dudas
El informe introduce además modificaciones técnicas que complican la comparación histórica. El nuevo cálculo excluye aportes imputados de salud del Fonasa y agrega subsidios de empresas públicas como UTE, OSE y Ancap, además de beneficios del Ministerio de Desarrollo Social.
Si bien los ajustes buscan reflejar mejor el ingreso disponible, también introducen un problema político: los datos actuales ya no son plenamente comparables con los previos a 2024. Esto limita la posibilidad de evaluar con precisión si la situación mejoró o empeoró desde el inicio de la actual administración.
Entre el dato y el discurso
El Gobierno de Yamandú Orsi suele destacar las variaciones interanuales positivas como señal de recuperación. No obstante, la lectura completa del informe muestra un panorama más ambiguo: retrocesos recientes, desigualdad territorial persistente y mejoras reales modestas.
En otras palabras, los números permiten construir un relato optimista, pero también uno mucho más crítico. Y en ese terreno, la estadística oficial —lejos de cerrar el debate— lo deja abierto.








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