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Números en rojo: alertan que el déficit fiscal se disparará y deja en evidencia las debilidades del Gobierno

Proyecciones privadas anticipan un deterioro de las cuentas públicas y ponen en duda la sostenibilidad del modelo económico impulsado por el oficialismo. (Dibujo: NOVA)

El gobierno de Yamandú Orsi enfrenta nuevas señales de alarma en materia económica, luego de que proyecciones del sector privado advirtieran que el déficit fiscal podría escalar hasta el 4,3 por ciento del PBI en 2026. Lejos de tratarse de un dato aislado, el pronóstico refleja una tendencia preocupante que pone en cuestión la capacidad de la administración para ordenar las cuentas públicas.

Según estimaciones de la calificadora Fitch Ratings, la dinámica fiscal de Uruguay sigue siendo “débil” y el plan de consolidación impulsado por el Ministerio de Economía podría enfrentar serios obstáculos en el corto y mediano plazo. El problema central es claro: los ingresos no crecen al ritmo esperado, mientras el gasto público continúa en aumento, generando un desequilibrio cada vez más difícil de contener.

De hecho, los datos más recientes muestran que, aunque los ingresos crecieron un 8,5 por ciento, el gasto lo hizo a un ritmo mayor, alcanzando el 10,2 por ciento, lo que termina agravando el rojo fiscal. Esta tendencia no solo complica el presente, sino que condiciona seriamente las perspectivas a futuro.

El contexto se vuelve aún más delicado si se tiene en cuenta el bajo nivel de crecimiento económico. Uruguay viene mostrando una expansión débil —en torno al 1,8 por ciento anual—, por debajo del promedio de países comparables, lo que limita la capacidad del Estado para recaudar y sostener sus compromisos. En otras palabras, el gobierno enfrenta una tormenta perfecta: poco crecimiento, gastos en alza y metas fiscales cada vez más difíciles de cumplir.

A esto se suman factores de riesgo adicionales, como la incertidumbre en torno a los precios energéticos, el costo de los subsidios y las dudas sobre si las medidas de eficiencia tributaria serán suficientes para cerrar la brecha fiscal. Incluso desde el propio mercado advierten que el ciclo electoral podría dificultar cualquier intento serio de ajuste del gasto en los próximos años.

En este escenario, los cuestionamientos a la gestión de Orsi se profundizan. Si bien el presidente ha insistido en que recibió una pesada herencia fiscal —con un déficit superior al 4 por ciento del PBI—, lo cierto es que, a más de un año de gobierno, los indicadores no muestran una mejora sustancial. Por el contrario, las proyecciones sugieren que la situación podría empeorar.

La falta de resultados concretos en materia de ordenamiento fiscal deja en evidencia las limitaciones de una estrategia que, hasta ahora, parece más apoyada en expectativas que en medidas efectivas. Mientras tanto, el país sigue atrapado en un esquema de bajo crecimiento, alta rigidez presupuestaria y escasa inversión, factores que reducen el margen de maniobra del Ejecutivo.

Así, el gobierno de Orsi enfrenta un desafío cada vez más complejo: recuperar la credibilidad económica en un contexto donde los números no cierran y las advertencias se acumulan. La gran incógnita es si la administración tendrá la capacidad política —y la voluntad— de tomar decisiones de fondo antes de que el deterioro fiscal se convierta en un problema mayor.

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