Jugando a dos puntas: aliados y opositores le saltaron a la yugular a Orsi por subirse al portaaviones de guerra yanqui
El gobierno de Yamandú Orsi atraviesa una de sus primeras crisis políticas de alto voltaje tras la controversia generada por la visita del mandatario al portaaviones estadounidense USS Nimitz. El episodio no solo desató críticas de la oposición, sino también de aliados históricos y del movimiento sindical, dejando al descubierto tensiones internas y cuestionamientos sobre el rumbo de su política exterior.
La decisión de Orsi de abordar el buque de guerra, que navegaba frente a las costas uruguayas, fue interpretada por amplios sectores como un gesto político alineado con Washington en un contexto internacional especialmente sensible. La visita se realizó junto a autoridades estadounidenses y miembros de su gabinete, en medio de un escenario global atravesado por conflictos geopolíticos y el endurecimiento de la política exterior de Estados Unidos en la región.
Senador del Frente Amplio (MPP) Nicolás Viera, respalda visita de Orsi al portaaviones de Estados Unidos: "Está cumpliendo con su función y creemos que lo está haciendo muy bien".
— Subrayado (@Subrayado) May 4, 2026
Informa @NicolasVigliola pic.twitter.com/YLLCReFMM8
El rechazo más contundente provino del PIT-CNT, la principal central sindical del país, que acusó al presidente de ignorar los mecanismos institucionales. Según denunciaron, el ingreso de una aeronave militar extranjera —utilizada para trasladar a Orsi hasta el portaaviones— habría requerido autorización parlamentaria, lo que no ocurrió. Para la organización, esto podría implicar una vulneración directa de la Constitución.
Las críticas no se limitaron al plano jurídico. Desde el sindicalismo y sectores políticos se cuestionó el simbolismo de la imagen presidencial sobre una nave militar asociada a conflictos bélicos internacionales, señalando que contradice la histórica postura uruguaya de neutralidad y promoción de la paz en la región. Incluso se recordó el compromiso asumido por el país en el marco de la CELAC para consolidar a América Latina como zona de paz y libre de armas nucleares.
La oposición también aprovechó el episodio para golpear al Ejecutivo. Dirigentes políticos calificaron la situación como una “vergüenza” y pusieron en duda la legalidad del procedimiento, profundizando el desgaste de un gobierno que ya venía enfrentando cuestionamientos en otras áreas de gestión.
Más allá del hecho puntual, el episodio abre un interrogante mayor sobre la coherencia de la política exterior de Orsi. El mandatario había sostenido una postura crítica frente a intervenciones militares extranjeras en la región, pero su presencia en el USS Nimitz parece tensionar ese discurso, generando acusaciones de ambigüedad e improvisación.
En este contexto, la visita al portaaviones no aparece como un gesto aislado, sino como un síntoma de una estrategia internacional que aún no logra consolidar consensos internos. Entre cuestionamientos legales, críticas políticas y malestar sindical, el gobierno enfrenta el desafío de recomponer su credibilidad y explicar si su alineamiento responde a una política de Estado o a decisiones coyunturales que podrían tener costos políticos duraderos.








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