La desaprobación de Yamandú Orsi crece y el Gobierno admite la necesidad de “gestionar mejor” la crisis
El Gobierno de Yamandú Orsi atraviesa uno de sus momentos más delicados desde el inicio de su mandato. En medio de una creciente desaprobación pública y con indicadores de confianza en retroceso, el oficialismo uruguayo ya reconoce internamente que deberá “gestionar mejor” el deterioro de la imagen presidencial para evitar un desgaste aún mayor.
Según trascendió en medios uruguayos, el aumento de las críticas hacia la administración frenteamplista comenzó a generar preocupación dentro del propio círculo político del mandatario, especialmente por la velocidad con la que se deterioró la percepción pública sobre la conducción del país.
Las encuestas encendieron las alarmas más rojas en el Gobierno. La aprobación de Yamandú Orsi se desplomó en abril y dejó al descubierto la peor fractura del Frente Amplio: el votante de centro que le dio el triunfo se siente desencantado, mientras que el núcleo duro militante…
— Uruguay Al Día (@uruguayaldoo) May 25, 2026
La caída en la imagen del presidente aparece vinculada a una combinación de factores económicos y sociales que golpean directamente el humor ciudadano. Entre ellos, el aumento del costo de vida, las dificultades para sostener el empleo y el creciente desencanto de sectores juveniles y trabajadores que esperaban respuestas más rápidas del nuevo gobierno.
Dentro del oficialismo reconocen que existe un problema de comunicación y gestión política. Sin embargo, en distintos sectores opositores aseguran que la crisis va mucho más allá de un relato mal administrado y responde a la falta de soluciones concretas frente a las demandas sociales más urgentes.
El desgaste de Orsi también empieza a reflejarse en la pérdida de respaldo entre votantes moderados e independientes, un segmento clave que había acompañado al Frente Amplio en el regreso al poder. Analistas políticos uruguayos advierten que la administración enfrenta ahora el desafío de sostener gobernabilidad mientras intenta evitar que la desaprobación se transforme en una tendencia estructural.
En paralelo, crece el malestar en distintos sectores productivos y sociales del país, que vienen reclamando medidas más firmes frente al deterioro económico. Las críticas ya no provienen únicamente de la oposición tradicional, sino también de organizaciones sociales, empresarios y referentes sindicales que empiezan a marcar distancia con el Ejecutivo.
La situación genera inquietud dentro del Frente Amplio, donde algunos dirigentes temen que el gobierno entre prematuramente en una etapa de desgaste político difícil de revertir si no aparecen señales claras de recuperación económica y mejora en la gestión cotidiana.








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