Economía y Empresas
Vergonzoso

Combustibles de lujo: la gestión del FA mantiene a Uruguay entre los países con la nafta más cara de la región

Mientras el litro de nafta cuesta hasta un 55 por ciento más que en Argentina y Brasil, crecen las críticas al Gobierno por la falta de medidas para reducir los precios. (Dibujo: NOVA)

La promesa de mejorar la competitividad de la economía uruguaya comienza a chocar con una realidad cada vez más difícil de ocultar: cargar combustible en Uruguay sigue siendo considerablemente más caro que en los países vecinos y la gestión de Yamandú Orsi no logra revertir una situación que golpea de lleno el bolsillo de los consumidores y los costos de producción.

Según los últimos relevamientos regionales, el precio de la nafta en Uruguay se ubica aproximadamente un 55 por ciento por encima de los valores registrados tanto en Argentina como en Brasil, dos mercados con los que el país mantiene una intensa relación comercial y turística. En el caso del gasoil, la diferencia se redujo durante los últimos meses, aunque el combustible continúa sin ofrecer una ventaja competitiva clara para el transporte y el sector agroexportador.

La situación genera preocupación en distintos sectores económicos, que advierten que los altos costos energéticos terminan trasladándose a precios, tarifas y servicios, afectando la competitividad de las empresas uruguayas frente a sus competidores regionales. El problema se vuelve todavía más evidente en las zonas fronterizas, donde muchos consumidores optan por cruzar hacia Argentina o Brasil para abastecerse a precios considerablemente menores.

Las críticas también apuntan al Gobierno de Orsi por la ausencia de medidas concretas para aliviar la carga sobre consumidores y sectores productivos. Pese a que durante la campaña electoral el Frente Amplio prometió revisar la estructura de costos y avanzar hacia una mayor eficiencia en la política energética, los precios continúan ubicándose entre los más elevados de América del Sur.

Desde la oposición sostienen que la administración frenteamplista quedó atrapada entre la necesidad de sostener la recaudación estatal y la imposibilidad política de impulsar una reducción significativa en los combustibles. El resultado es un escenario en el que los hogares pagan más por movilizarse y las empresas enfrentan mayores costos operativos en un contexto regional cada vez más competitivo.

Mientras el Gobierno insiste en que los precios responden a variables internacionales y a la estructura del mercado local, crece el malestar entre consumidores y empresarios que consideran que Uruguay perdió una nueva oportunidad para acercar sus costos energéticos a los estándares regionales y mejorar las condiciones para producir, invertir y consumir dentro del país.

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