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Ineficiencia garantizada

A paso de tortuga: advierten que la economía desacelera y se estanca bajo la gestión de Orsi

El 2026 arrancó con malas noticias y la actividad no repunta. (Imagen: ChatGPT-IA)

El comienzo de 2026 encontró a la economía uruguaya en punto muerto y encendió luces de alerta sobre la estrategia económica del Gobierno de Yamandú Orsi. Lejos de mostrar señales de reactivación, la actividad inició el año con una variación mensual nula (0,0%), confirmando que la desaceleración que se arrastra desde mediados de 2025 no solo persiste, sino que se consolida sin un horizonte claro de rebote en el corto plazo.

El dato surge del Índice Líder de Ceres (ILC), que se mantuvo estable en enero y dejó en evidencia una realidad incómoda para el oficialismo: más allá del empuje estacional de algunos sectores vinculados al turismo de verano, no aparecen motores genuinos de crecimiento que permitan romper la inercia del estancamiento. La economía no cae, pero tampoco despega, una combinación que erosiona expectativas y limita el margen de maniobra del nuevo gobierno.

Este escenario plantea un desafío directo a las metas oficiales. El Presupuesto proyecta un crecimiento del 2,2 porciento del PBI para 2026, pero las señales adelantadas y las expectativas del mercado parecen ir en otra dirección. La mediana de los analistas relevados por el Banco Central del Uruguay ubica la expansión en torno al 1,9, una diferencia que, aunque pueda parecer moderada, refleja una desconfianza creciente respecto de la capacidad del Ejecutivo para dinamizar la actividad en un contexto adverso.

Las señales internas refuerzan esa lectura. El Índice de Difusión, que mide cuántas variables del ILC crecen simultáneamente, se ubicó en apenas 50 por ciento en enero: solo la mitad de los indicadores mostró una evolución positiva. Se trata de un equilibrio frágil, sin una tendencia expansiva dominante, que contrasta con los primeros meses de 2024 y comienzos de 2025, cuando el dinamismo era mayor. Desde el segundo semestre del año pasado, la trayectoria del índice se volvió errática y cada vez más acotada, sin que el cambio de gobierno haya logrado revertir esa dinámica.

En este marco, la gestión de Orsi enfrenta críticas por la falta de señales claras en materia de inversión, competitividad y estímulo al consumo. Desde Ceres advierten que, sin nuevas fuentes de impulso —ya sea por mayor inversión privada, una mejora sostenida de las exportaciones o políticas que fortalezcan la demanda interna—, el crecimiento previsto enfrenta riesgos a la baja. El contexto regional e internacional tampoco ofrece viento a favor, lo que vuelve aún más relevante la definición de una estrategia económica consistente y proactiva.

Los indicadores adelantados, diseñados para anticipar cambios en el ciclo económico, refuerzan el diagnóstico: no hay señales de contracción generalizada, pero tampoco indicios de aceleración. La variación mensual del ILC sigue anclada en torno a cero y el índice de difusión no logra consolidarse en niveles compatibles con una expansión sostenida.

Así, el inicio de 2026 deja a la economía uruguaya atrapada en una fase de estancamiento que interpela de lleno al Gobierno de Yamandú Orsi. El desafío no es menor: romper la inercia sin margen externo, con restricciones de competitividad y un escenario financiero exigente. Por ahora, los datos muestran más continuidad que cambio, y las promesas de crecimiento del discurso oficial chocan con una realidad económica que avanza, como mínimo, con el freno de mano puesto.

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