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Señales de alerta económica

La CEPAL recorta el crecimiento y expone las debilidades de la gestión del Frente Amplio

El organismo regional prevé que Uruguay tendrá uno de los desempeños más bajos de la región, en un contexto de menor inversión y estancamiento productivo. (Dibujo: NOVA)

Las últimas proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) encendieron señales de alarma sobre el rumbo económico de Uruguay y pusieron en el centro del debate la gestión del Gobierno de Yamandú Orsi.

Según el organismo, el país crecerá en torno al 2,1 por ciento en 2026, una cifra que no solo representa un recorte respecto de estimaciones anteriores, sino que además lo ubica por debajo del promedio regional, proyectado en torno al 2,3–2,4 porcentual . En otras palabras, Uruguay no solo pierde dinamismo, sino que también queda rezagado frente a sus vecinos.

El dato adquiere mayor relevancia en un contexto donde la región ya atraviesa un ciclo de bajo crecimiento. La propia CEPAL advierte que América Latina acumula varios años de expansión limitada, con economías que no logran despegar debido a problemas estructurales como la baja productividad y la falta de inversión . Sin embargo, en ese escenario adverso, Uruguay aparece particularmente comprometido.

Diversos informes coinciden en señalar que la desaceleración responde, en parte, a un menor dinamismo de la inversión y a una productividad estancada, factores que exponen falencias en la conducción económica . A esto se suma que incluso el propio Banco Central ha ajustado a la baja sus previsiones, marcando una diferencia con el optimismo que suele expresar el gobierno .

El contraste entre el discurso oficial y los datos concretos alimenta las críticas. Mientras desde el Ejecutivo se insiste en la estabilidad macroeconómica, los indicadores muestran una economía que crece poco, pierde competitividad y no logra generar el impulso necesario para mejorar las condiciones de vida.

Además, el escenario proyectado plantea interrogantes a mediano plazo. Un crecimiento en torno al 2% resulta insuficiente para generar empleo de calidad, sostener políticas sociales ambiciosas o encarar transformaciones estructurales. En ese sentido, la advertencia de la CEPAL no es menor: la región enfrenta una “trampa de bajo crecimiento”, y Uruguay parece estar quedando atrapado en ella.

En este contexto, la administración de Orsi enfrenta un desafío clave: revertir una tendencia que ya no puede atribuirse únicamente al contexto internacional. Con indicadores que se deterioran y expectativas en baja, las proyecciones de la CEPAL funcionan como un llamado de atención sobre los límites de una estrategia económica que, por ahora, no logra mostrar resultados sólidos.

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