Economía y Empresas
Radiografía social con luces y sombras

Números que duelen: la pobreza golpeó más fuerte en la infancia durante el 2025

Los datos revelan un problema estructural: el deterioro se profundiza en niños, mujeres y sectores vulnerables, dejando en evidencia los límites de la política social del oficialismo. (Dibujo: NOVA)

El Gobierno de Yamandú Orsi enfrenta una incómoda paradoja: mientras los indicadores generales de pobreza muestran una leve mejora, la realidad social se vuelve cada vez más desigual y segmentada.

Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE), la pobreza alcanzó al 16,6% de la población en 2025, una baja marginal frente al 17,3% registrado en 2024. En términos concretos, esto implica que alrededor de 1 de cada 6 uruguayos sigue sin poder cubrir sus necesidades básicas.

Una mejora que no alcanza

El dato, presentado por el oficialismo como un avance, es en realidad mucho más modesto de lo que sugiere el discurso. La caída es mínima y, en algunos casos, estadísticamente marginal. Más aún, la indigencia —la forma más extrema de pobreza— aumentó, pasando del 1,5% al 1,7%, lo que refleja un deterioro en los sectores más vulnerables.

Lejos de consolidar una recuperación social, los números muestran un estancamiento con signos de agravamiento en la base de la pirámide.

La infancia, en el centro de la crisis

El dato más alarmante es la creciente “infantilización” de la pobreza. Casi el 40% de las personas pobres en Uruguay son menores de 18 años, y las cifras son aún más crudas en la primera infancia: el 29,1% de los menores de seis años vive bajo la línea de pobreza.

Esto implica que, pese a la estabilidad macroeconómica que reivindica el gobierno, una porción significativa de la próxima generación crece en condiciones de vulnerabilidad estructural.

Desigualdad con rostro de mujer

Otro de los datos que golpea el relato oficial es la marcada feminización de la pobreza. Cerca del 70% de los hogares pobres están encabezados por mujeres, y la incidencia en estos casos es significativamente mayor que en los hogares con jefatura masculina.

La brecha no solo expone desigualdades históricas, sino también la falta de políticas efectivas para revertirlas. En lugar de reducirse, estas diferencias persisten y, en algunos casos, se profundizan.

Un mapa desigual

Las disparidades territoriales también refuerzan la idea de un crecimiento desigual. Montevideo presenta niveles de pobreza más altos (18,7%) que el interior (15,3%), mientras que algunos departamentos del norte concentran los peores indicadores sociales.

Este escenario evidencia que la recuperación —si es que existe— no llega de manera homogénea.

Entre el relato y la realidad

El gobierno de Orsi asumió en 2025 con la promesa de fortalecer el tejido social y reducir las desigualdades. Sin embargo, los datos actuales plantean un interrogante incómodo: ¿alcanza con estabilizar los indicadores generales cuando la pobreza se vuelve cada vez más selectiva y profunda?

La leve baja en el promedio puede servir para sostener un discurso optimista, pero los números desagregados cuentan otra historia: la pobreza no desaparece, se transforma y se concentra en los sectores históricamente más relegados.

En ese contexto, el principal desafío del gobierno no parece ser bajar una décima en las estadísticas, sino evitar que esa mejora superficial oculte una fractura social cada vez más evidente.

Lectores: 103

Envianos tu comentario

Nombre:
Correo electrónico :
Comentario: