Por Gabriel Pereira, especial para NOVA
En el espectáculo existen rarezas, pero pocas tan curiosas como el famoso “síndrome de los humoristas sin humor”, y quien vuelve a quedar en el centro de esta paradoja es Seba Almada. Sí, el mismo que conquistó a miles desde la pantalla argentina trabajando junto a Marcelo, y que con sus personajes logró instalarse como uno de los uruguayos más reconocidos en el rubro.
Pero puertas afuera, lejos de los sets y las cámaras, la comedia parece apagarse. Según varios colegas, Almada no estaría mostrando precisamente su faceta más simpática: malos tratos, amenazas, prejuicios y un trato poco amable serían moneda corriente para quienes se cruzan con él detrás de escena.
El contraste es brutal
Uno de los humoristas más carismáticos frente al público se transforma cuando las luces se apagan. Y así nace esta ironía perfecta: aquellos que viven del humor, muchas veces son los que menos toleran que se haga humor con ellos.
La discusión tomó fuerza en las últimas horas luego de que el comunicador Seba Corbo decidiera poner el tema sobre la mesa y contara públicamente estas actitudes. Y lejos de dejarlo pasar o aclarar la situación, Corbo —según trascendió— recibió amenazas directas por parte del humorista, lo que terminó de encender el escándalo.
Paradoja total, pero cada vez más habitual en estos especímenes del espectáculo que exigen aplausos… pero no aceptan chistes.
Mientras tanto, Almada sigue brillando en pantalla, aunque entre colegas —dicen— la risa ya no es tan contagiosa.








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