VIDEO | Parque Mauá: gastar millones para maquillar ruinas y tapar la historia
Por Gabriel Pereira, especial para NOVA
El nuevo Parque Mauá fue presentado como un proyecto de recuperación urbana, un espacio para el disfrute ciudadano y un símbolo de puesta en valor del patrimonio. Sin embargo, a poco más de un mes de su inauguración, la realidad expone una verdad incómoda: no se construyó un parque, se maquillaron ruinas.
Lejos de potenciar uno de los sectores más ricos en historia industrial y portuaria de Montevideo, el proyecto optó por el camino más fácil y, paradójicamente, más pobre: ocultar. Porque lo verdaderamente grave no es solo el estado del parque, sino que no se pueda ver ni disfrutar de las partes más antiguas y atractivas del histórico Astillero, un patrimonio que debería ser protagonista y no fondo tapado.
El paseo, que prometía verde, espacios cuidados y miradores privilegiados, hoy muestra señales claras de abandono prematuro. El pasto ya no existe, el desgaste es evidente y el famoso mirador uno de los grandes anuncios del proyecto se encuentra clausurado con bolsas negras de consorcio, una postal que resume el nivel de improvisación con el que se ejecutó la obra.
La pregunta es inevitable: ¿cuánto dinero público destinó la Intendencia de Montevideo a este proyecto? Y, sobre todo, ¿qué se hizo realmente con esos recursos? Porque lo que se ve no condice con una inversión que se promocionó como transformadora. No hay mantenimiento, no hay planificación a largo plazo y no hay una verdadera apuesta por el valor histórico del lugar.
Convertir un espacio cargado de historia en un recorrido limitado, sin acceso visual ni narrativo a sus elementos más emblemáticos, es una oportunidad perdida. Y peor aún: es una decisión política y cultural que minimiza el patrimonio en lugar de potenciarlo.
El Parque Mauá no falla solo como parque. Falla como concepto, como inversión y como relato. Tapar ruinas no es recuperar la ciudad, y gastar millones para obtener un espacio deteriorado en apenas semanas debería, como mínimo, encender todas las alarmas.
Montevideo merece algo mejor que parches caros y promesas vacías. Merece proyectos que respeten su historia, cuiden el dinero público y estén pensados para durar más de un mes.








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